El silencio en unos segundos deja sentir un silbido agudo y profundo que inunda el paisaje y llega hasta el cielo. Es el viento que acaricia las espinas enormes de los cardones y le pone música al encuentro con los cactus más grandes del continente.

En el Parque Nacional Los Cardones, hay rincones donde el lujo es la simpleza. Tan sólo transitar la recta del Tin Tin, hoy Ruta provincial 33, se imprime la historia en el alma viajera al saber que fue un tramo del antiguo camino del Inca.

Aquí nomás en esta planicie de casi 19 kilómetros se extiende el mayor cardonal y deja admirar al paisaje en su gran extensión protegida.

Hay una senda para caminar y descubrir su significado, acercarse y tenerlos al alcance de las manos.

El cardón, relata la historia en su tamaño, porque crece diez centímetros por año y puede alcanzar los catorce metros de altura y cincuenta centímetros o un metro de ancho. Enorme.

Pero en estas 64.117 hectáreas que protege el Parque, también hay otros ambientes, como el del Valle Encantado que si uno sigue la huella llega a unos aleros con pinturas rupestres.

Es posible conocer un circuito sólo con guías especializados y habilitados, como Ernesto López de Urkupiña Viajes y Turismo ( Cachi ) que en vehículos conduce a lugares casi secretos como el Valle del Tonco, donde el cauce de un río talló a fuerza de viento y tiempo, un cañadón colorado que bajo el cielo turquesa despliega geoformas. Dicen por aquí, que hasta se hallaron huellas de dinosaurios en las cimas de los cerros que acompañan.

Por otra de las rutas internas, de ripio, se llega a un lugar único en el continente que es el Valle Los Colorados, donde un bosque de “Churquis”, una especie nativa protege a los cardones cuando surgen de la tierra.

Burros y guanacos se asoman desde la inmensidad cuando uno emprende una travesía por estos lares.

En el pueblo de Payogasta, donde la mítica Ruta Nacional 40 se inmiscuye en una antigua estancia, la historia del país tiene su anclaje en los muros de “Sala de Payogasta”, que perteneció a Ruiz de Los Llanos, un lugarteniente del general Martín Miguel de Güemes, el Héroe Nacional Gaucho, el cual se recuerda y rinde homenaje cada 17 de junio.

Es la riqueza del suelo y el trabajo de los hombres, quienes invitan a recorrer desde una bodega boutique hasta la producción orgánica de la finca, incluso las artesanías, pero es entre el otoño y el invierno donde el rojo tiñe los cerros.

El pimiento para pimentón, distingue a las familias productoras de la zona, quienes acomodan los pimientos sobre el suelo y los dan vuelta para que el sol los seque y poder llevarlos a un molino donde se muele y elabora el condimento.

Cada julio, se hace una pequeña fiesta popular con eje en este producto que, incluso, algunas agencias de viaje le llaman, Pimiento Tour.

Uno de los productores, Naldo Arce, trabaja sólo y muestra a los visitantes como se giran los frutos sobre las piedras del suelo. Saca entre 80 a 90 bolsas de tres kilos cada una.

Muy cerca de esta finca, en el Paraje El Colte, el Camino de los Artesanos, permite descubrir el arte textil. Una de las familias tradicionales es la del “Tero” Guzmán, ya fallecido pero autor de prendas que le llegaron al Papa Juan Pablo II y al Papa Francisco y donde sus hijos y su esposa, continúan con la metié.

Y a menos de dos horas, la misma Ruta 40, lo lleva hasta Cachi, con su plaza llena de encanto en el atardecer cuando se encienden los faroles del pueblo y donde se puede disfrutar de la gastronomía y de locales donde encontrará desde artesanías hasta vinos de altura.

Hacia Cachi Adentro, en La Merced del Alto el arquitecto Mariano Sepúlveda, un emblema de la arquitectura neo colonial del norte argentino, selló con su diseño la comunión con el paisaje.

El paisaje que dibuja el río Calchaquí a sus pies, la gastronomía norteña y los recorridos entre el mayor cardonal del continente colman el alma pero si el tiempo le alcanza, una visita al “Ovni Puerto” le brindará la sorpresa necesaria para creer en otra dimensión.

Este rincón de los Valles Calchaquíes, con la historia, cultura y la riqueza de la gente son parte de una travesía que se convierte en destino hasta en las propias rutas como la 68 que trepa y desciende por la Cuesta del Obispo donde conocerá una biblioteca y un río de nubes que se cuela por el cañadón , y si es entrada la primavera con los cardones en flor, el encanto pleno colmará el viaje por el territorio salteño, en el corazón del norte argentino.

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