Erupción Volcán PuyehueA un año de la erupción del Puyehue, la actividad volcánica se redujo hace semanas a su mínima expresión y las emisiones de cenizas ya no son perceptibles en Villa La Angostura y Bariloche, las primeras localidades afectadas, donde las tareas de limpieza lograron recuperar todos los espacios y las economías iniciaron una lenta recuperación.

En Villa La Angostura celebrarán el aniversario con el reparto de un volcán de chocolate de tres metros de altura; en tanto en la localidad rionegrina de Ingeniero Jacobacci inaugurarán la «ruca tecnológica», una casa realizada por la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC) y la comunidad local, construida con materiales volcánicos y equipada como un moderno complejo de comunicaciones.

Comienza así a quedar en el recuerdo la jornada del sábado 4 de junio de 2011, cuando alrededor de las 15 se abrió una fisura en el cordón volcánico Caulle, junto al volcán Puyehue, a unos 90 kilómetros al noroeste en línea recta de Bariloche y 40 kilómetros al oeste de Villa La Angostura.
Poco después el cielo de la zona se cubrió completamente, se hizo de noche y comenzó a caer del lado argentino de la frontera toneladas de arena y cenizas volcánicas, a lo que en Villa La Angostura se sumaron piedras calientes, generando temor e incertidumbre en todas las localidades.

El fenómeno llegó precedido de un fuerte aumento de la sismicidad y los tremores -sonido que indica la actividad- del complejo volcánico, y llevó a la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI), del Ministerio del Interior chileno, a disponer el máximo nivel de alerta y ordenar la evacuación el localidades cercanas. No obstante, los mayores problemas se produjeron del lado argentino.
En Villa La Angostura y Bariloche se cortó el servicio eléctrico, y en la localidad neuquina se interrumpió la distribución de agua potable, y ambas localidades cambiaron el verde de sus paisajes por un gris fantasmal.
Los vecinos vaciaron de agua y alimentos las góndolas de los mercados, y las existencias de barbijos y otros implementos para la emergencia, y la continuidad en la caída de cenizas en un amplio radio entre Neuquén y Chubut interrumpió los vuelos y cortó por momentos el tránsito en la ruta nacional 40.
En meseta rionegrina el fenómeno llegó un poco después pero con efectos igualmente devastadores, y se sumó a la sequía de cuatro años provocando graves daños en la producción ganadera, y amenazó la subsistencia de los habitantes rurales, además de obligar a todos a convivir con una permanente presencia de cenizas.

El comienzo de la limpieza de las ciudades se vio impulsado por la iniciativa de Red Solidaria Bariloche, una campaña llamada «Bariloche mi casa», a la que se sumaron varias entidades y cientos de vecinos, que salieron con palas, escobillones, carretillas y otras herramientas a retirar los materiales volcánicos de calles, veredas, escuelas y otros espacios.

La actividad turística cayó a pique. Ese invierno sólo el turismo estudiantil demostró alguna actividad y tuvo una temporada que con la excepción de algunos cambios de fechas, fue casi normal, y ayudó a mostrar al país que la ciudad estaba en condiciones de recibir visitantes sin problemas.
En cambio, el cierre del aeropuerto de Bariloche, y la dispar operación de las alternativas de Esquel y Neuquén, también afectados por cenizas, canceló la temporada de uno de los segmentos más importantes de la economía local, la de turismo brasileño.

El Centro de Estudios Regionales de Bariloche estimó que sólo entre junio y diciembre del 2011 la ciudad dejó de facturar casi 1.500 millones de pesos, una caída económica del 51 por ciento.
Esto llevó al gobierno nacional a disponer subsidios del programa Recuperación Productiva (Repro) de entre 150 y 200 millones de pesos, en toda la región afectada, entregados a las empresas que se comprometieron a no cesantear personal.

La temporada veraniega comenzó a mostrar signos de recuperación y la ocupación hotelera trepó al 40 por ciento, y fueron los fines de semana largos los que marcaron un cambio definitivo, en especial el de Semana Santa, en el que la zona superó el 80 por ciento de ocupación.

Hoy, se espera una gran temporada invernal con todos los servicios a pleno y con los colores y la vida de estas inigualables localidades de la Patagonia Argentina.

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