Roma, la capital de Italia, es una de las ciudades europeas que mayor cantidad de turistas recibe durante todo el año. El flujo turístico es tal, que el gobierno local decidió avanzar desde junio pasado con un paquete de medidas para intentar controlar la situación.

La última novedad llegó esta semana: todos aquellos turistas que quieran visitar la Ciudad Eterna no podrán sentarse en la famosa escalinata de mármol de la Plaza de España, uno de los íconos de la capital italiana.

La medida busca evitar que se interrumpa la circulación por los 135 escalones de la tradicional escalinata que une la plaza del centro romano con la Iglesia de Trinita dei Monti.

Además, dispone multas de hasta 400 euros para quien tenga «comportamientos graves», como ensuciar o dañar el monumento.

Con esta medida, la ciudad busca preservar la escalinata diseñada por el arquitecto Francesco de Sanctis entre 1723 y 1726.

Como parte de este paquete de medidas, en junio de 2017 el gobierno local ya había prohibido sentarse a comer y beber frente a la icónica «Fontana di Trevi» y a otras fuentes históricas de la ciudad, como las de las Plazas España y Navona.

La ley municipal establece que quien «acampe, consuma alimentos o bebidas, se siente, lave animales» en las tradicionales fuentes de la capital italiana deberá enfrentar multas de entre 40 y 240 euros.

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